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TV3 emitió un programa de un éxito increíble. Miles de catalanes, quedamos asombrados por el largo-metraje de cerca de cuatro horas que sorprendió por su fidelidad con los hechos acaecidos en los años 60 ante el gran movimiento migratorio que se produjo, sobre todo desde Andalucía.
El mérito innegable de la coproducción catalano-andaluza (con participación gallega) es haber sabido reflejar el "choque de culturas" que por entonces se produjo. Esa fricción se inclina claramente a favor de los recién llegados al barrio del Verdú, colocando a los autóctonos en una posición de inferioridad cultural y de cierto rechazo a los recién llegados, lo que bajo mi experiencia no se corresponde con la realidad.
Los personajes de La Mari , están soberbiamente dibujados:
-La Mari, que debía bailar en su tierra las bíblicas, o sea las seguidillas alosneras que son las peculiares sevillanas con letras basadas en el antiguo testamento o cantar los famosos fandangos del lugar: era casi analfabeta, pero más lista que el hambre.
-El alcalde de barrio; fascista, chivato y mujeriego.
-Las nacientes y reivindicativas asociaciones de vecinos en la etapa final del franquismo.
-Las monjitas piadosas y pedigüeñas.
-El cura, solidario, serio, trabajador, con la fe de un perplejo y al final, enamorado.
-La represión social, la misma contra catalanes e inmigrados.
-El independentista de turno, obnubilado en su previa problemática de catalán vencido y sobreviviendo a un implacable intento de genocidio cultural.
-La miseria de algunos sectores, también de la población catalana.
La no existencia de nuestra Catalunya, la verdadera, la que nos acogía, se subraya con unas abstenciones llenas de injustificada 'prudencia'.
La Barcelona de principios de los años 60 era como hemos visto en la película. Tanto, que en ningún momento se observa símbolo catalán alguno. Ni un fotograma dedicado a identificar el distinto país al que vinimos, nada de los lugares típicos de Catalunya. Eso sí, la impresionante llegada de "El Sevillano" a la Estación de Francia, las maletas de madera y cartón, las tres chimeneas del Paralelo o algunos planos lejanos de la Gran Barcelona. Miseria y barrios sin alcantarillar.
Solo cuando Enric se había jubilado y de fondo, sale una bandera catalana, pero con la inevitable y excesiva compensación: muchos argumentos a favor de lo serios, "saborios" e independentistas que son los catalanes. Hasta el punto de que, la Mari cumple la promesa hecha a Enric de que la hija de ambos "hable en catalán" (no era necesaria una promesa, señor guionista, era de razón, era legítimo y justo) pero la Mari no puede evitar de reprochar el hecho de que la niña no "baile sevillanas". La niña nació en Catalunya, las sevillanas no son de esta tierra, puede bailarlas claro, pero tampoco es obligación: hablar catalán, sí se corresponde.
La Mari de Huelva llega a una Catalunya miserable en la que no hay trabajo y se ve obligada a vivir de caridad en un convento de monjas para poder comer y dormir... Nada más lejos de la realidad . En el año 1965 (cuando se celebraron los "25 años de Paz") en Barcelona y su entorno sobraba el trabajo, sobre todo para una joven dispuesta y activa como la protagonista. No es, por tanto, real ni creíble el ambiente laboral y social en el que se desarrolla la película, y no lo es porque La Mari, vive casi de la caridad pública, de la solidaridad de sus nuevas vecinas, también inmigradas, y de un catalán compasivo del PSUC (Robles) que además va a la cárcel y es apaleado.
En esa época todo el mundo sabe que cualquier persona encontraba trabajo al momento , si bien es verídico que hubo mucho aprovechado/a en forma de "prestamista". La Vanguardia era el INEM del momento y una fuente de trabajo inagotable.
Una enseñanza primordial, real de esta producción es la convivencia en Catalunya de " dos iglesias " claramente diferenciadas, la de Ivan, el cura de Vic, trabajador de izquierdas, que más que ayudar "a las almas descarriadas", vela por su bienestar social y material. Por el contrario, las "monjitas" del convento, piadosas y veladoras de las buenas costumbres y el cura que da Misa y sermones tradicionalistas y afectos al régimen. "Cuidáos del Maligno, la masonería, el comunismo ...¡Sed puras, hijas mías!..." Y que, finalmente, condena a la "Reme" incluso después de muerta. En Catalunya también coexistían las dos iglesias. Aunque la de las parroquias era la nuestra.
La Mari queda asombrada del hacer del cura Ivan, que no quiere confesarla y que incluso le dice que "sus malos pensamientos no lo son y, por lo tanto, no le pone penitencia" y además la invita a participar del movimiento obrero reivindicativo. Pero la Mari anteponía las ideas de su extinto padre andaluz: "las mujeres tienen que oír, ver y callar".
Los representantes de las "dos iglesias" hablan siempre en castellano, una constante que se repite en la película cuando los catalanes hablan con los recién llegados. El poco catalán existente en la serie, se produce cuando los catalanes lo hacen entre ellos y en voz baja... Fiel reflejo de la realidad de entonces y que ha conducido a la situación de ahora, que hay que rogar que se hable en catalán para conseguir aprenderlo.
Amparo, (la brujita ida que aparece en la serie), ex profeso es catalana. No se entiende con la Mari, porque en su "desvarío" siempre habla en catalán, pero el "corazón", que no conoce de idiomas, las une sentimentalmente.
La Mari hablando con el cura en el confesionario:
-Desde luego, como se nota que tú no eres catalán...
- ¿Quién te lo ha dicho?, y de Vic, tierra de curas y de cerdos... -contesta Iván.
Para las ideas fijas e impuestas que traían todos los inmigrantes y la Mari con ellos, un cura con las ideas igualitarias y generosas no podía ser catalán...
La Mari cuando descubre al lampista Robles con las octavillas del "Mundo Obrero" en las manos:
-"¿También eres masón?"
Hablando con su futuro marido Enric:
-"Los catalanes no trabajáis, sois los jefes".
Pero La Mari va cambiando de mentalidad social, humana y política. Robles ingresa en prisión por sus ideas antifranquistas:
-"Una idea será siempre más fuerte que un puño" , le afirma detrás de las rejas.
-La Mari, tiene que admitir "Si estoy aquí es lógico que me interese por las cosas de aquí" y finalmente sentencia: "sólo volveré a Alosno para traer a mi madre y mis hijos".
Como no podía ser de otra forma, el catalán, futuro marido de Mari, es serio, altanero, arisco, "saborio", catalanista, independentista, soso, un poco machista y no le van, en primer término, las reivindicaciones sociales de los pobres. Prototipo del catalán imaginario que existe en el resto del Estado y que nosotros ya sabemos que tampoco es cierto. Aunque por amor a La Mari, accede a encerrarse en la parroquia del Verdú con los pobres obreros que reivindican un nuevo alcantarillado al alcalde Por-cioles...
La Mari es simpática, extrovertida y guapa. Le interesan más las cosas de los mortales que las banderas y las nacionalidades. Antepone la solución de la pobreza a cualquier otra cosa. El independentismo, el nacionalismo tan mal visto desde todos los lugares de España, la trae sin cuidado. Todavía no se ha enterado que el nacionalismo más fundamentalista es justamente el de las oligarquías castellanas que dominan España entera. (así nos fue en Cuba)
Dice Enric:
-"Yo no estoy por esas pequeñas cosas que reivindicáis en la Parroquia del Verdú, estoy por Catalunya, su cultura, sus costumbres..."
Dice La Mari:
-"Puede que a vosotros os hayan robado la cultura y la lengua, pero a nosotros el pan..."
Acto seguido le suelta de carretilla: "setze jutges d'un jutjat, mengen fetge d'un penjat. El penjat es despenja i es menja el fetge dels jutges que l'han penjat"
-¿ Y tú cómo has aprendido eso? -Pregunta Enric-
-"Por cojones, como todo lo demás" -mal contesta La Mari.
Cojones : únicos órganos de la España cañí implicados en los problemas nacionales periféricos, y ¡qué decir de cómo los usa el ultranacio-nalismo central! Dato que los catalanes tienen muy bien aprendido. Y los vascos, no digamos, dada la postura adoptada por los más "locos" de entre ellos.
La realidad última, se muestra al final de la serie:
La Mari:
-¿Dónde tendré yo que morir para estar con los míos, Enric?
Iván, que cuelga los hábitos:
-"Franco se acaba y el clero se acaba con él"
Enric, el encargado catalán de la SEAT:
-"Franco ha muerto y me gustaría decírselo a mi padre, a mi madre y a todos los que han muerto por su culpa." Una macabra nostalgia le impide brindar con cava, como hace todo el mundo.
Los hijos de la Mari ya hablan catalán. La Mari casi (A la fuerza, dirán los de siempre, los que se imponen sin saberlo o a sabiendas, siempre al amparo de la 'autoridad competente'- según el argot del comandante Tejero-)
- "Me siento mal, Mari ¿Qué haré ahora que estoy jubilado?"
-¡No te preocupes saborío! Tú me tienes a mí, a la Mari de Huelva"
¡Y Olé!
La hermandad, fraternidad y legalidad de la película, quedan aseguradas, pero ¿van al fondo de la cuestión? ¿No habría que hablar con los hijos de la Mari i de l'Enric?
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