Vivimos en nuestra ciudad el día a día, el trabajo, la familia, los soleados domingos, esta tierra nueva, hoy propia. Y desde el «Nas de Barraca» (35.000 ejemplares) intentamos encontrarnos a nosotros mismos, llegar a aquella dimensión cívica y ciudadana que consigue finalmente un espacio personal y ennoblecedor.
Hace exactamente 28 meses iniciamos la Agenda «Cata-lònia Acord» en nuestro mensual. En ella se pretendía analizar alguno de los problemas vivos de nuestro entorno, prescindiendo de ideas de partido, prescindiendo de opiniones extremistas: y nos encontramos de lleno con ese calificativo sobre nuestras cabezas, justamente porque pretendíamos llegar al fondo de las cuestiones, sin la comodidad de dar por buenas las ideas preconcebidas.
Hoy, ante los cambios de gobierno, ha saltado un hecho que quizá no se ha entendido que podría y debiera ser definitivo, hecho que refleja en toda su pequeña dimensión la magnitud de un gran problema que por sí mismo podría ayudar a encauzar: la selección catalana internacional de patines en línea.
Los insultos han llovido y podemos repetir que el Sr. Juan Antonio Gómez Angulo calificó las gestiones del hockey catalán de hechas con «nocturnidad y alevosía». (Quin cas! Qualificar així els qui volen fer patinatge artístic!)
Analicemos la raíz de esta situación. Si hubiera selecciones catalanas, de una vez por todas quedaría claro que hay que superar los obstáculos puestos a la inevitable identificación de un pueblo con su gente, ineluctable, necesaria y justa; los escoceses con los escoceses, los galeses con los galeses y los ingleses con los ingleses. ¿Y por qué no puede esta España de ellos llegar a ser nuestra España, la de todos, en la cual los catalanes se identificaran con ellos mismos y no con otra cultura, ni superior ni inferior? Ni con andaluces ni con gallegos, ni con vascos, ni con castellanos. La España primera, «tanto monta monta tanto», era con-federal, ¡mucho más que federal!
Ya sabemos que la España catalana es una lucha que quieren imposible. Porque si en tantos años nosotros mismos no hemos podido convencer a nuestros paisanos de que los tópicos que han creado sobre los catalanes no sólo son falsos, o en todo caso muy inciertos, ¿cómo vamos a conseguir que acepten un partido de hockey Catalunya-España?
¿Pero por qué no, si ésta es la prueba de fuego, si con ello entenderíamos de una vez por todas que son dos naciones distintas, aunque en un sólo estado (¿hay que repetir de nuevo que podemos ser como somos en verdad, o sea unos estados parejos a Bélgica, Suiza o Canadá?).
Y si en un encuentro de hockey o en una figura de patinaje artístico, se produjera algún incidente, tarde o temprano, y más bien más temprano que más tarde, nos adaptaríamos al tropiezo y éste sería cosa suficientemente normal, por auténtica y, en consecuencia, a superar las posibles dificultades que se presentaran con un poco de tiempo y con el seny habitual.
Nadie nos escuchará, pero repetimos esa frase que tantas veces hemos escrito «desde Sant Boi con entendederas populares». Un partido de hockey España-Catalunya sería ante los pueblos de España más ejemplar, más significativo y en definitiva mucho más constructivo y por tanto mucho más rápido a favor de la España real, que todos los Estatutos, y las leyes, y las Constituciones que puedan cambiarse, siempre vistos desde la gente como dimes y diretes de los despachos gubernamentales.
Los dos pueblos entenderían de una vez que pueden pertenecer a un mismo estado, aunque sean y representen identidades distintas. Porque, y eso lo podemos atestiguar los catalanoandaluces o los extre-meñocatalanes, que de todos hay aquí, que no es difícil ni mucho menos la convivencia, siempre que haya un mutuo respeto y que una cultura no intente disminuir a la otra, que es la natural, y menos en su propio provecho. Y siempre que se consigan borrar todas aquellas lecciones magistrales de la letra que entra con la sangre, de la letra que machaca «Una, ¡una! Grande, ¡grande!... y libre». Libre para disimular, aunque justamente el que lanzó este eslogan no sólo no la parió libre, sino que la construyó encadenada, resucitando aquel histórico y asqueroso grito que se oyó en Madrid, aquella consigna de la antigua y fracasada España: «¡Vivan las caenas!». Los absolutistas, el partido «apostólico», los «malcontents», etc.
En el Principado, todo eso hace siglos que ya no se puede dar, y debemos conseguir que en España no continúe subyacente. Ni este, ni su consecuencia, el «viva la muerte» de aquellos que saben vencer sobre el hermano, y por tanto, devorar, separar y al final demoler con propias manos su más antigua y querida construcción.
Catalònia Acord lanzó 2 manifiestos en octubre de 2001 referidos a nuestra posición como catalanes de pleno derecho. Uno en castellano de nosotros los padres, llegados en los 60 de la otra España, y otro de los jóvenes, los hijos, en catalán, ya plenamente ciudadanos de la España catalana, distinta e igual a las otras Españas. ¿Debiéramos consensuar y promover desde Sant Boi otro manifiesto dirigido a todos los pueblos de España ante la nueva situación política?
Comuniqueu-vos amb nosaltres, digueu-nos què i com ho podríem fer, hauria de ser obra de tots la seva difusió. Des de Sant Boi ho podem proposar, però sols no ho podrem escampar.
cataloniaacord@cataloniaacord.org