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La
pugna Catalunya-España, se reduce a una mera cuestión económica
Nada nuevo bajo el sol. Los mismos líderes del bipartidismo español haciendo
promesas a toda vela. Lo noticiable de estas nuevas elecciones (9 de marzo) es
que algunos partidos políticos catalanes hacen ver que se creen (todavía) las
promesas de estos mediocres imitadores del personaje de cuento llamado
Pinocho.
De nuevo han salido a la palestra las famosas Balanzas Fiscales y su
consiguiente promesa de publicación, promesa que ya hiciera el popular Felipe
González, el mismo que aún viene a Catalunya en olor de multitudes y que aparece
y desaparece (cual mago Merlín) del escenario público coincidiendo, casualmente,
con las convocatorias de comicios. El mismo líder socialista que modernizó su
ciudad (Sevilla) a todo tren, y nunca mejor dicho. Los prohombres del Sur pueden
barrer para casa todo lo que se les antoje y también las mujeres, léase AVE de
Málaga de Magdalena Álvarez o el ya proyectado tren de alta velocidad de la
ciudad de Granada. Nada que objetar, Andalucía forma parte del Estado Español y
tiene tanto derecho como cualquier otra comunidad a tener sus infraestructuras.
Claro que, pensándolo bien, hay cosas que no cuadran, no salen los números.
Posiblemente por ese motivo se van pasando de presidente en presidente el tema
de la publicación de las dichosas Balanzas Fiscales, no sea que se sepa la
verdad.
Por todo ello no es de extrañar que incluso los partidos nacionalistas e
independentistas andaluces, que también los hay y muchos, se busquen argumentos
a propósito de las falsedades que nos inventamos los catalanes con respecto al
déficit fiscal, imitando en este caso concreto a los Acebes, Zaplanas y Rajoys
de turno, sin olvidarnos de los barones Ibarra, Bono y Don Manolo Chaves, amén
del correoso Alfonso Guerra y del omnipresente Felipe, héroe de las masas
populares de l’Hospitalet y del Baix Llobregat, de quien echan mano los de aquí
(PSC) porque no se ven capaces de dar argumentos netamente españolistas y piden
la ayuda de los de fuera para hacer el trabajo sucio.
Para hacer ver que los andaluces nada tienen contra la gente del Este (o sea
nosotros), anuncian que permitirán dar clases de catalán en las escuelas de
idiomas andaluzas. Vergüenza me da, como andaluz de nacimiento, que sea
precisamente en el año 2008 (siglo XXI) cuando hayan caído en la cuenta...
Sin embargo mis paisanos y otros antiguos inmigrantes, “nuevos catalanes”
(¡después de 50 años!) seguirán escuchando la lección de siempre, la de los
viejos maestros. Cuando vayan a votar el día 9 de marzo seguirán preguntando
cual es la papeleta con la que se vota a Felipe y si nadie se lo dice, buscarán
afanosamente el puño y la rosa roja. Así seguirá siendo mientras no pasemos a
mejor vida la “generación del Sevillano”, entre la que me encuentro,
Todo ello apabullantemente legítimo. Las opciones políticas surgen del interior,
de la mente y el alma. El voto es personal e intransferible. Pero permítanme que
les diga que en el caso que tratamos, varios millones de andaluces y extremeños
con sus correspondientes proles nacidas aquí, no es de recibo, no es coherente,
que continúen con ese apoyo incondicional a unos líderes a los que su propio
partido (PSOE) ya ha jubilado hace tiempo por desfasados, y que sólo sacan a la
palestra cuando llegan elecciones. Claro que podríamos comenzar a entenderlo si
arañamos sólo un poquito en la superficie; mis paisanos los “nouvinguts”
se ven obligados a escoger entre Felipe González (no Zapatero) o el PP de Rajoy.
Su voto es para la Catalunya Española, no para la Catalunya que el PSC de
Maragall propugnaba...
Ahora bien, esta forma de actuar, contraria a toda lógica, puede volverse en
contra de las capas más desfavorecidas de la sociedad catalana. Precisamente en
contra de los barrios periféricos donde vivimos y trabajamos y sus
infraestructuras. Está bien que de vez en cuando nos repongan la serie “Curro
Jiménez”, aquel bandolero de la Sierra Morena que robaba a los ricos para
dárselo a los pobres. Aquí se trata de AVES, libros gratuitos, modernización de
las vías de comunicación, cobertura del desempleo, ordenadores, etc. No de una
simple bolsa repleta de doblones de oro. Se trata de que en algunas autonomías
españolas ya están a la media Europea, mientras los que más pagamos (los de
aquí) estamos inaugurando un AVE mucho después de los que reciben las ayudas
solidarias. No sé si me explico con claridad... Son gastos que pagamos con
nuestra hoja de salario, nuestro IRPF, IVAS y más impuestos.
Dineros que se van a Madrid y ya no vuelven. No hay que ser muy ducho en
economía para saber a donde van a parar.
Sin embargo, como ya digo más atrás, las autonomías más desfavorecidas del
Estado Español e incluso los partidos independentistas de éstas, se inventan las
mil y una triquiñuelas. Estructuran cuarenta mil argumentos de que esto no es
verdad, y llegará el día en que la cuestión sea tan evidente que no podrán
ocultarla ni a los votantes de Felipe y Guerra. Cuando falta el pan, no importa
que haya aceite...
Hablando en plata: de Catalunya salen más de 50 millones de euros diarios que no
vuelven a retornar ni en forma de infraesrtructuras, ni en forma de
prestaciones, ni en forma de nada.
Casualmente coinciden en desmentir estos datos los dos partidos españoles
mayoritarios, PP y PSOE, cuando el precursor de los estudios sobre el déficit
fiscal catalán, y uno de los primeros en legitimar las tan reivindicadas
balanzas fiscales, es ni más ni menos que el actual Conseller de Finanzas de la
Generalitat de Catalunya Antoni Castells (PSC).
Me consta que los seguidores del Partido Popular de Catalunya han desmentido y
desmienten de continuo lo arriba reseñado. Sus excusas no pasan de meros pasajes
literarios o ensayos sobre el sexo de los ángeles. Son rutinas aprendidas de
Alejo Vidal Quadras, el mejor Piqué o del inefable guerrero del antifaz; José
Mari Aznar. No creo que a estas alturas nadie copie el discurso de Don Mariano,
ni los de su propio partido.
El titular de este artículo (catalans, Catalunya!!) va por todos, ya sean
oriundos o nuevos catalanes. Todos somos iguales ante la Agencia Tributaria
Española. Unos no pagan más que otros por su origen. Incluso los recién llegados
del norte de África, sudamerica o de los países del Este. Todos colaboramos en
las AVES de Sevilla, Valladolid, Málaga o Barcelona. Todos hemos colaborado en
que Madrid haya cuadruplicado sus vías interurbanas y su metro, mientras aquí
tenemos los trenes de cercanías más “carcas” y cachambrosos de Europa
(habiendo sido de los primeros y pioneros).
Claro está que, ante la desdicha, algunos se apuntan a los que mandan, otros
hacen lo que les ordenan, la mayoría sigue rumiando el “que farem” y los
recién llegados de otros países se alistan en coordinadoras y colectivos a la
antigua usanza, con el beneplácito de los que apuestan por aplicar las mismas
fórmulas de los años 60 del siglo pasado. Cuidado con el dato; ciertos de estos
llamados colectivos ya reivindican sus derechos con las siglas de partidos
políticos que tienen sede en su país de origen. Pero de esto ya hablaremos en
otra ocasión.
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