COM A CATALANS, HO FEM PROU BÉ?

 

Por Pedro Morón de la Fuente - Periodista i president de Catalònia Acord

 

*Ustedes saben que yo me proclamo catalán de Granada, no granadino de Cataluña. Por lo mismo, me sorprende ver que los más responsables comentaristas de todas las acepciones, repiten que no estamos ante una situación de urgencia nacional para plantear un gobierno de unión nacional. No se entiende, no lo entiendo, no deberíamos entenderlo. Los que hemos llegado a Barcelona y no a Madrid, tal como detallábamos en nuestra última separata, sabemos hasta qué punto la discriminación fiscal es tan desproporcionada que llega al extremo de que Cataluña subvenciona más a España que la mismísima Unión Europea. Desde Cataluña nosotros subvencionamos más a España que Alemania al resto de Europa. Proporcionalmente claro, o sea, por individuo, por cada uno de nosotros, “per cápita”, ¡por cabeza! . ¿Cómo es posible que siendo eso ya un atraso irrecuperable, un “gap”, como dicen los entendidos (brecha o boquete, con el significado de agujero que ya no hay quien se salte. Porque el contrincante, si que va avanzando mientras tú te estancas), y que además su acontecer es de una proporción más geométrica que aritmética. ¡¿Cómo es posible que se repita con tanta insistencia que no estamos ante una situación de urgencia nacional?!

Hay que revisarlo, amigos de los partidos del arco político catalán. O por lo menos hay que convencernos de que la política no puede estar por encima del retroceso económico, retroceso que está llevando a Cataluña a una situación histórica absolutamente distinta de la que había disfrutado hasta el momento. Se trata del bienestar de nuestros hijos, de la capacidad defensiva de nuestras gentes, de nuestra geografía que necesita industrias, ante tantísimos problemas como se avecinan. En definitiva, se trata de dejar en herencia la proporción aumentada de bienestar que a nuestro trabajo acumulado corresponde. No es de recibo dejarlo igual, o casi igual a como lo hemos encontrado.

No, no es posible que se piense que no estamos ante una urgencia nacional. No se trata de la historia de Cataluña, no se trata de recuerdos. De si Cambó, Roca o Pujol tendieron la mano esperando correspondencia y en cuanto los otros han tenido fuerza suficiente se han satisfecho pisoteándola. No se trata de eso ya, se trata del momento actual, de la situación hoy. Si hoy no hay unidad para defender el futuro económico de Cataluña, es que cabría preguntarse si nuestro propósito no es llegar a halagarles, demostrando humildemente como a antaño hicimos, que no, que su estereotipo del catalán “de la virgen del puño”, no es cierto: - Cobren, cobren, que nosotros pagamos y callamos.

Tratado el tema en la Casa d'Andalucía de Sant Boi del Llobregat, fuimos un grupito, que como hipótesis de trabajo, nos emplazamos a descubrir cuál sería el partido responsable de que no se hiciera una unión nacional ante la tan larga detracción económica. Y nos conjuramos en no votar o en no volver a votar, al partido que no fuera capaz de asumir esa desastrosa responsabilidad.

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Otra que tal: habiendo tenido el Partido Popular centenares de miles de votos, ¿cómo puede ser que los demás partidos catalanes le excluyan, le demonicen, dejen a sus votantes sin otra salida, y en evidencia ante una única puerta de arrepentidos?, ¿Eso es política? ¿Eso es mano izquierda? Nosotros creemos que al gobierno de unidad nacional, hay que invitar a todos y si los Populares se desmar-can, algunos de sus votantes se desmarcarán también de ellos. Y si los Populares no firman el proyecto de gobierno y de programa consensuado por las representaciones de una inmensa mayoría de catalanes, algunos de sus votantes deben poder revisar su adscripción.

¿Por qué hay que caer en la trampa, tan irreprimible y característica de la política española? Enfrentarse, siempre los bandos, los dos frentes, las enemistades irreconciliables, el desprecio al otro, etc. Y en definitiva la tremenda sombra de los irreductibles, dispuestos a una nueva guerra civil, por mucho que en este momento sea ideológica o mental.

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Sin más que estos dos puntos. Y confiando en que de un modo u otro se conseguirá reconstruir la identidad catalana que nosotros siempre habíamos creído que coincide pacíficamente en los dos puntos que hemos señalado, pero “plantant cara” en el caso del déficit fiscal. Y tratando con corrección a los discrepantes políticos por radicalmente opuestos que sean. Porque representan votos, personas, conciudadanos nuestros.
En esto consiste el sistema democrático y ellos, que están obnibulados por impuestas y arcaicas concepciones, sólo lo descubrirán si los tramos con atención. Pero nada de cerrar posibilidades, diálogo, participaciones… Solo así recuperaremos las Españas si es que sus acérrimos y centenarios "defensores" no han conseguido sus últimos objetivos militares de separación consolidando anti-monías y cristalizando antagonismos.