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El último fin de semana del mes de octubre Catalònia Acord estuvo invitada al III Encuentro de Inmigrantes Estatal y Europeo que se celebró en Gijón. Fueron cinco días con un calendario intenso, en el transcurso de los cuales se debatieron temas de sumo interés para el importantísimo colectivo de inmigrados de otras naciones que actualmente tenemos en el Estado Español.
Dos de las más importantes conclusiones que se desprendieron del encuentro fueron, como era de esperar; un no rotundo a la Ley de Extranjería y la petición del derecho al voto de todos los inmigrados, empezando por los seis mil y pico que viven en Gijón.
No fue un Encuentro baladí, participaron personalidades de importancia en el mundo de la sociología, el derecho internacional o la psicología. Nombres como el de Pablo A. Fernández, Catedrático de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales, una de las primeras autoridades en la materia, nos dieron a conocer que todavía existe mucha distancia entre lo que marcan las leyes europeas sobre inmigración y la realidad cotidiana.
En una de las mesas redondas titulada "Integración, ciudadanía e interculturalidad" Catalònia Acord alzó la voz, nuestra voz, y al hacerlo provocó posturas encontradas.
Se hablaba de las dificultades de adaptación de los inmigrantes a su nuevo lugar de residencia, en este caso el Estado Español, desde la perspectiva de sociológica y psicológica. José Atxotegui, psiquiatra y psicólogo de la Universidad de Barcelona y Director del SAPPIR, relataba diversos estudios realizados al respecto de la inmigración y los diferentes "duelos" que se producen en las personas al cambiar drásticamente de residencia. Los citados "duelos" (expresión técnica psicológica, en este caso) también se producen en los autóctonos en mayor o menor intensidad como es evidente.
Y resulta que aprovechando la ciudad en la que estábamos, el Gijón del siglo XXI, una ciudad con una bella historia migratoria por cierto, nos atrevimos a decir que en los años 60 y 70 más de un millón de andaluces emigramos a Catalunya
de golpe y porrazo, que ciertamente fue una emigración masiva y dura donde las
haya, que se produjeron "duelos" de diversa magnitud, pero nunca de importancia
decisiva ni merecedores de salir en los periódicos y que, además, nunca el mundo asociativo dependiente de los colectivos de inmigrados en Catalunya había elaborado una tabla reivindicativa quejándose de malos tratos, imposiciones culturales, lingüísticas o de cualquier otro tipo, salvo alguna intentona manipulada y propiciada por la oligarquía centralista (los de siempre). Añadimos la coletilla de que por todo ello "muchos andaluces nos sentimos ahora también catalanes de pleno derecho al haber comprendido y asimilado que habitábamos en otra nación".
La respuesta no se hizo esperar; un compañero colombiano, lanzó el cohete de que "en Colombia no llamamos naciones a las regiones" y algún que otro madrileño comenzó a mirar de reojo y a negar con la cabeza.
El Sr. José Atxotegui dijo entre otras cosas que sí se produjeron los llamados "duelos" en esas décadas de inmigración netamente estatal, pero no señaló de qué intensidad (se supone, por tanto, que no fueron de importancia).
Sin embargo el Catedrático de la Universidad de Valencia y del Instituto de DDHH de la Universidad Carlos III de Madrid, Sr. José Manuel Rodríguez, aplaudió la idea de que "andaluces puedan sentirse catalanes o extremeños se sientan vascos" señalando el dato como algo que "rompe moldes" y pregoniza una nueva idea sociológica en un Estado acostumbrado a posturas únicas y a regionalismos trasnochados.
El dato, más curioso aún, es que dos profesionales residentes en Madrid, arquitecto uno y abogado el otro, identificándose con nuestras palabras, nos felicitaron al acabar el acto, señalando que "no todos los madrileños pensamos como Aznar".
Pedro Morón de la Fuente
Pero atención al verdadero meollo de lo que se argumentó en nombre de Catalònia Acord : que andaluces y extremeños, y todos cuantos viven y trabajan en Catalunya, se deben sentir catalanes de verdad, con todos sus derechos, con todos sus problemas, sin renunciar a nada de sus orígenes. Pero con la reconocida legalidad de ser "Ciutadans de Catalunya" y de su Generalitat.
Pues bien, todos tenemos conocimiento de una cuestión genérica ya centenaria que afecta a España: el llamado "problema catalán". Y así, me honro y me honré en proclamar a fuer de andaluz leal, que asumo plenamente desde el punto de vista del pueblo catalán su resistencia a la constante minusvalorización oficial de su cultura y de su diferenciada identidad catalana. Porqué quién está a las maduras debe también estar a las duras de su nueva tierra, la tierra de acogida y de nacimiento de todos sus hijos.
Y ustedes se preguntarán el por qué tuvimos que decir lo que dijimos en un lugar como ese, muy sencillo; es hora de lanzar lo que se tiene que lanzar en todos los rincones de la llamada España, y en ello estamos.
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