Viviendo en Cataluña uno nunca se acostumbra a las extrañísimas cosas que se reproducen y reproducen. Nuestras experiencias como "inmigrantes" nos han permitido resguardarnos de según qué inesperados chaparrones y de alguna que otra ventolera atribilaria. Pero ahora, y sintiendo en primera persona la crispación generalizada entre estas nuestras gentes, creemos que está en razón que escribamos lo que sentimos, dado que en según que temas aún no hemos logrado entender, o mejor dicho, no nos han permitido entender su porqué.
Hemos escrito el "nos" de forma deliberada . Nuestro origen andaluz y nuestra nacionalidad catalana permiten que este "nos" tenga doble razón de ser. Parece como si nuestra circunstancia y la de tantos, en vez de un hecho digno y altamente moral, debiera resultar una buscada arma de doble filo para según qué usos intencionados.
Las declaraciones del que fue redactor de la Constitución -esta piedra angular tantas veces subrepticiamente (d'amagatotis) retocada- se han unido a los exa-bruptos del señor Ibarra, representante de una Extre-madura oficial, que no la del pueblo, directísismamente benefeciaria de los nacionalismos que combate. Seguro que a proporción se beneficia menos el admirable país extremeño que sus estantiguas directivas y es quizás por ello que reaccionan mordiendo la mano que se les tiende.
Qui paga mana, decimos en Catalunya. Pero ahora usted, Ibarra, que también es palabra usual en catalán, desde su nacionalismo victorioso y dominante (véase chiste adjunto) sigue engañando a su pueblo y presenta como a enemigos justamente, mismísamente, a sus mejores amigos, amigos de hechos y no de palabras.
Siempre será pobre la boca a la que se impide conocer de qué mano recibe la sopa. ¡Tristes gentes, ingenuo pueblo en manos de un liante embaucador!
¿Y esto son pataletas de repelentes niños Vicentes?, o quizás ¿es el instintivo y profundo rugir de las sobrevivientes castas de los conquistadores, Hernán Cortés de Medellín, y Alvar Núñez Cabeza de Vaca de Jerez de la Frontera? Todo ello alimenta nuestra ya actual vergüenza ajena andaluza.
Con gratuita verborrea, y aquí
radica el meollo de la cuestión, los dos primeros parloteadores ignoran a los "nuevos" catalanes de origen andaluz que, como los naturales de Cataluña, no solo nos lavamos a diario, sino que algún día nos obligaran a "hacer ahogadillas" con alguna cabezota fins a fer-li dir Pepet. Y para redondear el ambiente general, don Manuel, el finisecular, insulta a los pescadores gallegos y sus amigos cierran el único periódico escrito en vascuence. Observen como en esta relación de hechos Ibarra-Psoe y Acebes-PP coinciden en ir contra la libertad de expresión.
Años atrás vimos en el que ahora es nuestro hogar un destino no sólo para nosotros y para nuestras familias, sino sobretodo para el futuro que se avecinaba. Lo que nos importaba era meternos un trozo de pan en la boca, no tanto que mano nos lo daba.
Pues bien, la imagen que se ha querido y se quiere dar de las llamadas comunidades históricas no se corresponde en nada, nada. Después, nosotros -jienenses, y descendientes de musulmanes, si se tercia, tanto da- no podem païr que sevillanos, salmantinos o extremeños, una vez han finalizado la visita a la exposición Cataluña, tierra de acogida, se asombren que los catalanes, nosotros... ¡no parezcamos catalanes!. Si ya es injurioso que a la mínima uno deba justificar una cultura propia - aunque esta sea adoptiva- más lo es verse obligado a montar todo un tren con lo más y mejor de su tierra y, ¡ala!, carretera y manta por distintas ciudades del Estado para mostrar que en Cataluña viven personas. Nunca se dijo una verdad tan escandalosa: en la tierra que nos abrió los brazos años atrás, conviven gentes de la más variada geografía hispánica... ¡Y esta convivencia debe ser explicada!. Increíble. ¿Qué maquinaciones históricas y contemporáneas nos llevan adrede a esos absurdos? ¿A qué extremos llegará la buena fe de nuestros gobernantes de la plaza de Sant Jaume? ¿Cómo piensan que nos sentimos si se sigue recurriendo a la mala idea -dirigida por supuesto- sobre el hecho catalán? ¡Y desde nuestra natal Andalucía! ¿Qué quieren que sintamos, sino vergüenza, o rabia, pongan el calificativo que más les guste, si aún hay quién se asombra que los catalanes gastamos, salimos de noche con amigos, y hasta nos divertimos! Y también bebemos manzanilla, comemos pescaíto frito, bailamos sevillanas y nos divierte el ball de bastons.
Visto lo visto, debemos reconocer una vez más que aún persiste la necesidad de envenenar la opinión pública, o de falsear la verdad por intereses partidistas. Pero déjen-nos que les hagamos una pregunta: ¿verdad que uno de Huelva encontraría sumamente absurdo organizar una exposición en Barcelona para lavar la imagen de su tierra? Y no nos vengan con que esto es distinto, porqué este recurso, a parte de ser fácil y de uso demasiado frecuente, es del todo falso: no es tan difícil meterse en la piel de otro. Mentiríamos si no reconociéramos que ser inmigrante tiene inconvenientes, pues a nadie le es agradable abandonar su casa para buscarse la vida en otro lugar, pero en esto precisamente los catalanes son unos expertos. No, no caigo en ninguna contradicción: digo "son" y no "somos" por la sencilla razón que entonces yo ignoraba la realidad catalana. Así, a veces, olvidamos que la Guerra Civil fue para todos, pero especialmente para los centenares de miles de inmigrantes catalanes que atravesaron la frontera francesa. Huían de las tropas de un generalísimo "por la Gracia de Dios", y no únicamente por su afinidad republicana, sino sobretodo por "separatistas". Estigma que persiste, por más que como máximo sigan pidiendo la confederación fundacional "de Isabel y de Fernando". (¡Atención! se ha conseguido y se va consiguiendo que algunos ya sean indepen-dentistas).
Pero partir con pesar de Andalucía hasta esta tierra tuvo muchas ventajas. Vivir in situ el día a día catalán compensa y mucho , porque hemos constatado de qué pie calzan "estos separatistas que sólo piensan en llenarse los bolsillos", es decir, de qué pie calzamos nosotros: Manuel o Pia de Jaèn (por poner un ejemplo) y muchos paisanos más.
No queremos concluir sin decir que fue con otro catalán de Granada, Pedro Moron de la Fuente, que entendimos a la perfección que se puede ser ambas cosas: andaluz y catalán o si lo prefieren, catalán y andaluz.
Catacord