CASTILLA, ¿ESTADO LIBRE ASOCIADO?

 
 

Por Pedro Morón de la Fuente - Periodista i president de Catalònia Acord

 

Este enunciado puede sorprender, causar general estupefacción, pero en ningún caso generará animadversión profunda y para decirlo brevemente, abominación hacedora de aborrecimiento, odio o ira, como así pasa con el País Vasco o pasará con Catalunya.

Nuestros lectores saben que el afán permanente de las veintiséis agendas de Cata-lònia Acord tiene un trasfondo o un objetivo que permanece inalterable en su continuidad: ventear para ustedes, cual si de paja en la trilla se tratara, todas aquellas realidades que permanecen disimuladas en los intensivos medios de comunicación que padecemos.

Baviera estado libre asociado (Alemania). Puerto Rico, estado libre asociado (EE.UU.). Cualquier Cantón suizo, estado libre asociado a la Confederación Helvé-tica. El estatus del Quebec con el Canadá, o el de Valo-nia y Flandes con Bélgica equivalen asimismo al de estados libres asociados. Y más, si se terciara..

Vamos a proponerles una hipótesis de trabajo: adentré-monos en ese siniestro problema de todos que es el terror en el País Vasco, horror inextinguible, que dura ya más de cuarenta años (ETA fue fundada en 1959) ya nadie se atreve a subrayar los años que dura el espanto. Cuarenta y cuatro, ¿los tenían presentes ustedes? ¿Nos los recuerdan los políticos que tienen la obligación de encauzar todos los problemas? No, la duración del drama se esconde, no fuera que el pueblo, nosotros, nos impacientáramos con nuestros elegidos responsables de su final.

Justamente cuando todo el mundo aprecia que los crímenes sólo pueden tener salida política, nadie explicará que Herri Batasuna fue fundada en 1978, y que a pesar de todo, en las elecciones al Parlamento del 1998 su sucesora Euskal Herritarrok obtuvo 224.001 votos ¿Qué debe hacerse con 224.001 ciudadanos que votan por la locura? ¿Ni tan sólo hablar con ellos? Porque los grupos terroristas salen de una masa importante de ciudadanos, no al revés, que profesan ideales que consideran sagrados, o lo son para ellos (España para los españoles, por ejemplo).

Intentamos explicar a ustedes cómo los grupos terroristas organizan sus partidarios que no están adscritos a los comandos de acción. Montan un partido político paralelo, del que simulan ser una organización totalmente diferenciada. Para mayor entendimiento del problema, aclaramos que el Ejército Republicano Irlandés (el terrorista y católico IRA) ha tenido desde siempre (se fundó en el año 1919) su pantalla política en el partido Sinn Fein (1921). (Por cierto, Blair finalmente no los disolvió. Habló con ellos: han dejado de matar.) Obviamos una premiosa explicación sobre los partidos políticos que encubren terroristas en Córcega, Palestina, Israel, etc. etc.

Releyendo con angustia todo lo dicho, ¿tendría nada de raro que un día el pueblo castellano, hastiado, decidiera terminar su unión con ese conglomerado de países, comunidades o nacionalidades con los que malvive desde hace trescientos años? ¿No sería lógico que, hartos de Euskadi, de Països Catalans, de Galiza Ceibe (que es el equivalente del Visca Catalunya lliure que proclama el Bloque Nacionalista Galego), Castilla decidiera de una vez por todas ver España en el espejo de Suiza, y pedir ser ella misma, un estado libre asociado a España? ¡Tendríamos una España formada por cuatro estados libres asociados!

¿Y qué? EU (España Unida), UE (Unión Española). CE o bien CI (Confederación Española o Ibérica). Pero, ¡ojo! No fuera que algún bellaco malandrín avisara: «¡Eso, eso! ¡Ahí, ahí!» Pues no, mucho cuidado: «antes roja que rota». — ¿Rota Suiza?

Si dejamos atrás todos los tópicos, todas las frases hechas, todos los terrores inducidos, y más que nada nuestra comodidad de pensar lo que otros nos fuerzan a pensar, podremos entender que si Castilla no tuviera gloriosa historia, no tuviera universal cultura, ni idiosincrasia propia y distintiva, pero que sin ser nadie, de repente, sus gentes decidieran convertirse en un Estado Libre Asociado, ¿quién en justicia les privaría de un referéndum en el cual todo un pueblo pudiera elegir con libertad su destino? No digamos pues lo justo y de razón que tendría hoy el supuesto plebiscito castellano si pensamos en el fulgor de su Siglo de Oro y en el Imperio donde no se ponía nunca el sol.

Y, honor a Castilla: debemos proclamar que este referéndum estaría motivado por encima de todo, para reconocer el derecho natural a su libre y noble albedrío. Porque, con las Castillas, probablemente no contarían tanto los aspectos pecuniarios como contaron en las revoluciones americanas, del norte, del centro y del sur. Que triunfaron de inmediato y de un modo esplendoroso, puesto que básicamente pretendían terminar con la explotación económica a que estaban sometidas sus tierras, por su condición de colonias de tres o cuatro distintas madre-patrias.

Castilla y Aragón, tanto monta y monta tanto, eran dos estados libres asociados. Anteriormente (lo tenemos ya muy repetido), la Confederación Aragonesa fue la primera Commonwealth del mundo: y en nuestro Mediterráneo, en nuestras escuelas, nunca se nos ha explicado qué era el Consolat de Mar, aún vigente.

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Nuestro problema, el de todos, está en aquella mentalidad de alcurnia, prosapia e imperio, que sólo valoraba la cruz y la espada. De aquellos hijodalgos, o sea, hidalgos, hijos de algo que no hijos de nada, tal como el vulgo y la villana plebe. Aquellos que alardeaban de honor distanciándose de ella, aquella a la cual sólo correspondían los ruines trabajos manuales. Y en lo alto, la reducida casta de linajes superiores, de encumbrados infan-zones, guerrera, enriquecida con las conquistas a los musulmanes y posteriormente con el saqueo de las Américas. Que quedó descolgada de sus fuentes de poder con la pérdida de Cuba y Filipinas. Y quizá hoy, ahora y entre nosotros, los descendientes de aquellos irreprochables caballeros que tanta leyenda negra concitaron en el resto del mundo, resulten revivir en los actuales oligar-cas centralistas a los cuales Tierra Comunera - Partido Nacionalista Castellano se dirige y les «propone un movimiento sociopolítico que lucha y trabaja por la recuperación integral, política, económica y cultural de la nacionalidad castellana, y de su pueblo, construyendo una sociedad más democrática, progresista y solidaria...»

Estas nuevas gentes castellanas, en 1988, optaron por construir un movimiento nacionalista de amplia base «que restaure la dignidad material y ética de Castilla. TC-PNC exige el reconocimiento de Castilla como nacionalidad histórica, su unidad territorial, superando la fragmentación artificial en la que se ha sumido a las comunidades castellanas. Y la articulación de un auto-gobierno digno que permita al pueblo castellano construir un futuro de transformación y progreso, aprovechando de forma sostenible nuestros recursos materiales, humanos y naturales, para construir una sociedad moderna y desarrollada; una nación castellana, que ocupe con dignidad el lugar que le corresponde en el marco español y europeo, en solidaridad con todos los pueblos de la Tierra».

TC-PNC obtiene un apoyo popular creciente, cercano a los treinta mil votantes en las últimas elecciones. Su eslogan final es: «Hoy más que nunca, debemos buscar la Castilla libre y comunera.»

No hay que empecinarse ni acomodarse en los lugares comunes, en las cantinelas interminables, en los sonsonetes argumentales... Todo lo escrito se os ofrece como reflexión, distinta y necesaria, pensando, está claro, en el tema del día: «Vds. que pueden, dialoguen.» «Parlant la gent s’entén.»

Enraoneu d’una vegada!!!

Pedro Morón de la Fuente