Todos sabemos que la Feria de Abril de Sevilla, es una de las fiestas más populares del Estado Español e incluso de Europa. Por supuesto es también la “Feria” por excelencia de Andalucía. Esta feria, orgullo de todos los andaluces, está gestionada por el Ayuntamiento de la ciudad con un presupuesto millonario. Centenares de funcionarios se encargan meses antes, y durante la celebración, de que el ferial esté a punto para recibir a una enorme cantidad de turistas. La Feria de Sevilla depende del presupuesto municipal y de la aportación de gremios y entidades que quieren tener allí su caseta.
La Feria de Sevilla, según uno de sus cronistas más populares, Antonio Burgos, se autosubvenciona, no cuesta un euro a las arcas públicas.
Los sevillanos se jactan en decir que a la Feria de Sevilla nadie acude con ánimo de lucro o deseos crematísticos, se va a divertirse y a prestar diversión al visitante, y yo me lo creo enteramente. Añadamos que la Feria remonta sus orígenes a principios del siglo XIX, es por tanto un evento cultural surgido allí que se ha sabido mantener durante casi dos siglos. Ya forma parte por derecho propio de Sevilla y su cultura.
Podríamos decir otro tanto de la conmemoración del “Rocío” en Almonte (Huelva), las famosas “Cruces de Mayo” o la Semana Santa en toda Andalucía, que tiene sus orígenes hace más de 500 años, coincidiendo con el final de la Conquista en el año 1492 y siguientes.
Uno de los principales fenómenos que se han producido en Catalunya derivados de la inmigración de los años 60 y 70, ha sido la implantación paulatina de algunas de estas costumbres culturales y religiosas andaluzas ¿Es legítimo, no los es...? Yo creo que sí. Nadie puede poner en duda la legitimidad de estas celebraciones, siempre y cuando guarden una semejanza con las originarias, no se tergiversen y mantengan un respeto cuidadoso con las culturas autóctonas.
Lo que no puede ser legítimo, y a su vez es inadmisible, es que se menoscaben y minimicen, a ojos vista, las culturas de aquí y en ocasiones señaladas incluso la lengua catalana, oponiéndose algunos colectivos abiertamente contra mejoras de leyes que intentan potenciarla en su territorio natural. Este tipo de actuaciones persiguen disimular con una oscura capa los famosos dichos de que “todos somos españoles” o “estamos en España”. Perfecto, la Constitución así lo dice. Lástima que la propia historia de Catalunya desmienta a voz en grito este “españolismo” del que muchos de mis paisanos hacen gala.
Pero me van a perdonar; yo no comparto esta idea “española” de mis paisanos, ni tampoco renuncio a ella. Quiero ser español, pero no de esta España nacionalista y acaparadora que solapada-mente intenta no reconocer y si pudiera eliminaría la diferencia, las diversas culturas y lenguas que conviven en su seno. Quiero ser ciudadano de otra España más tolerante, menos oligarca, más democrática y más integradora. Eso sí, soy andaluz hasta la médula y catalán por convicción y decisión propia. Pueden contarse también por miles los andaluces de las ocho provincias que piensan exactamente como yo aunque no vayan por la calle pregonándolo.
Hablemos sobre la Feria de Sevilla que se celebra en la Nova Mar Bella de Barcelona.
Nadie pone en duda la buena fe, el interés e incluso el sacrificio que hacen las entidades y hermandades que configuran la FECAC (Federación de Entidades Culturales Andaluzas de Catalunya) en la elaboración de casetas, espectáculos y puesta a punto del evento. Nadie lo pone, ni lo ha puesto en duda. Lo que se pone, se ha puesto y se pondrá en entredicho, es la labor de la coordinadora de su enorme ferial.
Es evidente que casi todos los gastos de la feria están subvencionados (Ajuntament de Barcelona, Diputació, Generalitat, Junta de Andalucía....,) el suelo es gratuito, muchas de las actuaciones de famosos también. Todo casi igual que en Sevilla, PERO GESTIONADO DIRECTAMENTE POR ENTIDADES PRIVADAS. Las entidades y hermandades al margen de tener que correr con el coste de construcción de su caseta, también pagan un elevado canon por metro de caseta, por la luz y por el mobiliario que se alquila, supongo que pagarán menos las entidades federadas. Los comerciantes que venden sus productos en la feria, pueden dar claro testimonio de los elevados precios que se les aplica. Hágase una encuesta o una fácil investigación de campo.
Eso no es todo, existe un llamado “almacén central” o “centralizado” que vende unos productos exclusivos, cuyo precio impone directamente la FECAC. Por este motivo la manzanilla, el vino, la cerveza, los refrescos, etc, que se venden son obligatoriamente de una marca determinada, no pueden venderse en el recinto ferial productos de otras procedencias. Todos los feriantes han de confluir en ese “almacén central.” Nadie puede afirmar que el proceso sea legal o alegal, simplemente es así, resultando con ello un privilegio autorizado que conlleva un alto beneficio económico adicional.
A causa del gran dispendio que significa poner una caseta en esta feria, muchas entidades andaluzas que no pertenecen a la FECAC (que son la gran mayoría, por cierto) se ven obligadas a ser meras espectadoras. Algunas se han federado casi obligatoriamente para no tener que pagar las fuertes cantidades que se les pide.
No dudo en absoluto que tal acontecimiento cueste un importante dispendio a los organizadores, pese a las subvenciones millonarias que recibe, pero sí pongo en cuarentena el hecho de que podrían aplicarse unos precios y unas condiciones más asequibles y democráticas a las entidades participantes, precisamente por la cuantiosa ayuda que se recibe de todo tipo de organismos oficiales, ayuda que se hace en beneficio de todas las casetas.
Claro está que los andaluces, extremeños, madrileños, vascos, catalanes o gallegos tenemos el derecho inalienable e irrenunciable a recordar nuestro folclore y nuestras formas de cultura, sea cual sea nuestro lugar de residencia, como ya se ha dicho. Nadie lo pone en duda, y si alguien lo hiciese se equivoca con precipitación (que también los hay). Lo que se pone en duda es la forma en la que pueda manipularse ese derecho.
Harina de otro costal, son las condiciones y formas en las que se efectúan las muestras artísticas y folclóricas y si éstas son realmente integradoras y respetuosas con la comunidad en las que se desarrolla, o sea; Catalunya. Por simple respeto y solidaridad, dado el volumen del evento ferial que tantas veces se ha dicho tan importante como el propio de Sevilla no estaría de más, por ejemplo, alguna que otra “ballada de sardanas” o una sesión de “bastoners” un domingo por la mañana. Ni eso... No olvidemos que la feria se hace en la “Nova Mar Bella de Barcelona.”, nuestra ciudad, capital de Catalunya.
Es evidente que estamos
obligados a respetar sus costumbres milenarias, su lengua y sus formas de
cultura, salvo que se sea un nacional-españolista intransigente. Una forma fenomenal de ese respeto sería el valorar esas dos formas de cultura que también nos deberían ser propias en la celebración de un evento que reúne anualmente a más de medio millón de personas (no tres millones, perdonen los organizadores). Nunca han sido incompatibles la sardana y las sevillanas, el fino y el cava, la coca de llardons y el pescaito frito.
En otro orden de cosas, los andaluces hemos de hacer un esfuerzo suplementario en lo referente a la dignificación de nuestras actividades culturales y folclóricas, más aún cuando se convierten en espectáculos de masas. Sería impensable en Sevilla, Granada o Córdoba que un “nazareno” llevase el hábito sucio o arrugado. Sería impensable en las casetas de las ferias de Sevilla o Granada un grupo de sevillanas que no guardase una armonía o una mínima estética. Más extraño aún sería ver un jinete pasear por el ferial con el traje deslucido y sin guardar la compostura tradicional. Nadie se atrevería en la propia Andalucía a celebrar la “Cruz de Mayo” en las condiciones en las que se hace en algunas ciudades del área metropolitana de Barcelona, consistentes en la colocación de la cruz cubierta de flores, la instalación de un escenario, sillas mesas y una enorme barra en la que se vende fino, cerveza y cubalibres a destajo.
Lo siento mucho; en Andalucía no es así, y por tanto en Catalunya tampoco tendría que serlo.
Por otra parte he de denunciar con rotundidad la falsa representatividad que se otorgan ciertas coordinadoras andaluzas, extremeñas, etc, puesto que sólo representan a sus propios socios, que en ocasiones y por desgracia son muchos menos de los que nos quieren hacen creer. Los únicos representantes de todos los ciudadanos de Catalunya son los votados y elegidos democráticamente en las urnas cuando hay elecciones. En otras palabras, mi representante legal en Sant Boi es la alcaldesa Montserrat Gibert y en Catalunya, Pasqual Mara-gall, president de la Generalitat, y punto.
Sepan todos ustedes que existe un listado de entidades culturales andaluzas de Catalunya, compuesto por más de 160 entidades. En la FECAC se aglutinan poco más de 60 ¿Qué pasa con las otras 100? ¿Cómo es que no pertenecen a esta federación? ¿Cuál es la opinión al respecto de los socios de esta mayoría no alineada con FECAC, quién la tiene en cuenta? Como siempre es la llamada “mayoría silenciosa”.
Propongo a los organizadores de la Feria de Abril de Catalunya que monten una gran caseta especial, justamente la de «Familias Andaluzas de Catalunya» en la que se integren a los actos festivos en años futuros, los castellers, bastoners, sardanas, geganters, caps grossos, diables, bestiari, galejadors y esbart dansaires, que en todos ellos hay andaluces e hijos de los mismos: Pregunten, pregunten... Porque además al gran recinto también acuden muchísimos catalanes felices con nuestras sevillanas y nuestros cantaores. Así será una fiesta de reconocimiento a todos y también catalana. Si no seguirá siendo una desgraciada y burda imitación de la Feria de Sevilla, un medio para sacar beneficios de la añoranza, la “morriña”, de centenares de miles de andaluces que nos vimos obligados por la falta de trabajo y el hambre (no lo olvidemos) a desplazarnos con gozo, y a vivir en esta nueva y distinta tierra, de nuestros hijos y nietos.
Pedro Morón de la Fuente