En el número 10 de la Agenda Catalònia Acord, hace exactamente veinte meses, iniciaba mi artículo titulándolo ¿TRAIDOR A QUIÉN? PORQUE A ANDALUCÍA, NO.
El «Nas de Barraca» lleva ya 207 números tratando todos los temas que pueden interesar en Sant Boi de Llo-bregat. Pero cuando iniciamos la publicación de las separatas de Catalònia Acord las especializamos en una cuestión que para todos nosotros debe ser trascendente, pero que si no se presenta aislada, dada su importancia, queda sumergida en la montaña de problemas y dificultades diarias que deben ser atendidos, pero que no van al fondo de esta problemática esencial.
Nosotros llegamos a Catalunya arrastrados inapelable-mente por el problema social de nuestras comunidades de origen, y nos encontramos aquí con problema social, evidentemente, pero ya a un nivel de posibilidades, aceptación, perspectivas y situación muy distintas de la insoportable imposición que dejamos en nuestras tierras.
Pero en Catalunya, aunque durante los primeros años y debido a la dictadura esto no se apreció masivamente, coexistía y coexiste otro gran problema, que nosotros, especialmente los que estuvimos activos ante la problemática de nuestras gentes, empezamos a conocer con sorpresa, especialmente porque resultaba muy vivo, y se nos manifestaba en los más inesperados aspectos desde los curas a los sindicalistas, pasando por el idioma, la cultura e incluso los festejos populares.
Y esto ya vimos que no era cosa baladí. Comprobamos no sólo que debía tenerse muy en cuenta, sino que era fundamental para conseguir una convivencia justa, lo que básicamente quería decir que cada uno defendiera los intereses del otro, que cada uno se pusiera en el lugar del otro y todos juntos en la problemática entera de esta catalana tierra de acogida.
En estos momentos, y con el cambio de gobierno, todos hemos podido apreciar una explosión de optimismo y de esperanzas populares que se han puesto ilusionadamente en el avance y encauzamiento tanto del problema social como del problema nacional, que no es sólo catalán ni mucho menos, sino que es problema que corresponde en primer término el Estado. Y que es el primer problema de la actual España.
Ésta nuestra nueva tierra, no es ya una tierra guerrera, ni está habitada por gentes violentas. Los guerreros y los violentos se distinguen porque llevan décadas odiándose y con sangre por medio.
Ahora Catalunya pide avance social, sí, pero también pide reconocimiento nacional. Entre los cinco pueblos peninsulares, desde hace 300 años que no ha habido una coexistencia mutuamente respetuosa, reconociéndose iguales en la diferencia, iguales en la soberanía y en todos los derechos que conlleva. Y eso con independencia de su poderío demográfico, económico o cultural.
Y en ésas estamos. Todo aquello que contribuya al dominio de un pueblo sobre otro es un atentado contra la verdadera unidad de los pueblos peninsulares. Ya debiera haber bastado con el fracaso de Portugal, que en la historia de aquella España resultó un retroceso que ni tan siquiera las después inde-pendizadas colonias de las Américas pudieron compensar.
Nuestros políticos, todos, tienen la obligación profesional de conseguir la victoria electoral de sus, nuestros partidos.
Las habilidades son lícitas, pero conllevan también la posibilidad de colocarnos a todos ante una situación decisiva, inapelable.
Resultó que en la creencia de que se repetiría la victoria electoral del Partido Popular, prometisteis al pueblo, a nosotros, unos objetivos que todos considerábamos justos.
-¡A cumplir tocan, porque ahora, pueden!
A CUMPLIR O A DESACREDITARSE.
Pedro Morón de la Fuente