Hace más de 40 años un impresionante contingente de personas procedentes de todos los rincones de las Españas, llegamos a Barcelona huyendo de la miseria, el caciquismo y la semiesclavitud.
Una Barcelona floreciente nos abrió los brazos, nos acogió en su seno y nos facilitó un lugar donde vivir y un puesto de trabajo bien remunerado. Ya se ha escrito en múltiples ocasiones y desde sectores varios, que nadie nos regaló nada, tan sólo trabajo y seguridad, pero claro, eso no era poco, de por si, ¡Ya era el mejor regalo, el que buscábamos! Y fue la salvación económica de millones de seres.
La diferencia de gratificación por el trabajo, el jornal, era abismal en aquella época entre, por ejemplo, Andalucía y Catalunya. Mientras un jornalero trabajando de sol a sol ganaba en Granada 250 pesetas a la semana, cualquier peón de la construcción sobrepasaba las 1.000 con menos horas de trabajo en Barcelona. La explosión demográfica estaba servida, al margen de otras consideraciones políticas atribuidas al franquismo, que también son ciertas. Añadamos a la situación las formas de contratación imperantes en la Andalucía de posguerra: una fría plaza, un señorito de a caballo escogiendo a los peones más fuertes y más serviles...
Y a todo esto hemos de añadir forzosamente el gran ambientazo en la Barcelona de los años 60; El Paralelo, Las Ramblas, El Tibidabo... la enorme pujanza de la construcción, la restauración y la industria, y por otra parte el gran civismo del pueblo catalán, resignado a su suerte y a una invasión foránea imparable, que si hubiese sido al revés, habría provocado otra guerra civil en cualquier ciudad que no fuese precisamente Barcelona.
La pregunta que nadie se ha hecho es esta ¿Por qué escogimos Barcelona y no Madrid? La respuesta es inmensamente fácil; la capital de Catalunya era mucho más rica, más acogedora, más solidaria, con muchos menos problemas de integración y sobre todo con más trabajo. El dicho “en Barcelona se atan los perros con longaniza” no es baladí, se repitió, por entonces, de boca en boca. Un chiste muy popular de la época rezaba:
“Un sevillano decide irse a trabajar a Barcelona aconsejado por un paisano que le dijo por carta ‘aquí el dinero corre a espuertas`. El hombre llena su maleta con lo poco que poseía y sale en dirección a Catalunya. Llega por fin a la Estación de Francia en un tren abarrotado, humeante y maloliente. Al bajar del tren ve, a un lado del andén, un billete de mil pesetas. Le da una patada afirmando para sí ‘Bueno, bueno...hoy estoy demasiado cansado del viaje, mañana comenzaré a llenar la maleta”.
Este tipo de “acudits” y otros aún más gráficos, eran habituales de los años 60, en círculos de inmigrantes, y no lo eran por casualidad. Los andaluces utilizan la realidad cotidiana para su gracejo y sus formas de humor. Las chirigotas gaditanas son un claro ejemplo.
No tengo datos exactos sobre la inmigración que sufrió Madrid por entonces, pero “no cal”, me imagino que debió ser poca. El centro del trabajo para todas aquellas personas aspirantes a obreros bien remunerados, el bienestar y la salvación, estaba en Barcelona precisamente y en algunas naciones europeas (Alemania, Suiza, Francia, Bélgica...). No obstante la tranquilidad económica y social era Barcelona, porque lo era en realidad y toda la península Ibérica lo captó, como se capta un brillante entre cien esmeraldas. Esa tranquilidad esa “bassa d’oli” duró lo que los nuevos demócratas que han mandado, mandan y ordenan desde el Paseo de la Castellana, tardaron en descubrir que dicha fuente de riqueza “debía ser repartida solidaria y equitativamente con el resto de las Españas imperiales”. Tan bien han procedido al reparto en los últimos 20 años que el “brillante de Barcelona”, se va convirtiendo lentamente en baratija de feria, en carbón piedra.
El Conseller d’Economia i Finances de la Generalitat de Catalunya, Francesc Homs, señaló en una cena-coloquio celebrada precisamente en Sant Boi (22/10/2003), que el déficit fiscal de Catalunya con respecto a España sobrepasaba ya los DOS BILLONES DE PESETAS). El Conseller, serio y circunspecto, apuntó “hasta aquí hemos llegado después de 25 años de solidaridad. (Sumemos la brutalidad que representan los atrasos! Nada menos que la diferencia entre un catalán de hoy u un holandés actual, pongamos por caso) Hemos de hacer comprender al gobierno de Madrid y a todas las nacionalidades del Estado, que nuestro cupo de solidaridad se ha cumplido con creces. España está más que nivelada y ha llegado la hora de revisar el sistema de financiación”.
Es muy evidente (demasiado evidente), que la solidaridad mal entendida está provocando, y ha provocado, pausadamente el deterioro del Estado del Bienestar en Catalunya. Las inversiones en infraestructuras han caído en picado, la balanza fiscal es nefastamente desfavorable para todos nosotros, catalanes. El déficit fiscal que se soporta está muy por encima de lo justo. Resultado de esta lamentable situación es lo que hemos venido denunciando durante tres años en estas mismas páginas; los más desfavorecidos, los colectivos de “novísimos catalanes” y no tan nuevos, que vivimos y trabajamos en el área metropolitana de Barcelona, estamos perdiendo calidad de vida y estado del bienestar a costa de nuestra tremenda derrama, la subvención catalana que se quedan en Madrid “per pebrots” (y que también pagamos nosotros religiosamente en cada nómina). Por eso Madrid se ha convertido en el nuevo “Brillante Nacional”, la Tierra Prometida, el nuevo Jericó de España... El Edén al que acuden como moscas a la miel, todas las centrales de empresas de importancia a pagar sus impuestos desde imponentes despachos, mientras mantienen sus fábricas y otras menudencias contaminantes en la desvalijada “región catalana”. El movimiento de ficha económico no es casual, está hecho arteramente, con toda la “mala baba”. Se está “fotent” a Catalunya con todas las de la ley.
No es de extrañar, por tanto, que se esté utilizando el tan manido Estado del Bienestar Catalán, en la presente campaña electoral. Dicen que Catalunya está a la cola de Europa en este apartado, incluso por debajo de la media española. Por otra parte parece ser que no hay interés alguno en explicar, en esas campañas, el motivo del tremendo “bajón” (si es que lo ha habido), consistente en esos “dos billones de las antiguas pesetas”, una cantidad ingente de euros difícil de calcular, que cada año se quedan en Madrid, y con los cuales podría acabarse de un plumazo con esa, comparativamente, deteriorada situación catalana en la escala del bienestar con respecto a España y a Europa. Como también es muy evidente, que no sólo hay que atribuir las culpas al gobierno catalán, como intencionadamente se hace: Principalmente esas culpas son de la centenaria planificación anticatalana organizada desde Madrid. Y es que los oligarcas creen que es su obligación librar combate contra Catalunya ante su resistencia secular a la castellanización.... y a los datos estadísticos elaborados desde las universidades me remito.
Entre tanto, Don Manuel Chávez –todas mis consideraciones y respetos-, vino a Barcelona y leo que dijo “Soy andaluz. Y QUIERO que los andaluces voten a Maragall”.
¡Pero si ya no somos solo andaluces, Sr. Chávez! Que ahora tenemos doble nacionalidad y usted no lo puede entender porque este no es su caso. Si tanto me apura, somos catalano-andaluces o al revés, y ante unas elecciones que se refieren al Gobierno del país donde vivimos, algunos después de tantísimo tiempo, no vamos a renunciar a ser ciudadanos doblemente responsables. Porque la inmensa mayoría ya somos catalanes de Sevilla, Huelva, Cádiz, Córdoba, Jaén, Málaga, Almería y Granada.
Pedro Morón de la Fuente