Actualmente conviven en Catalunya dos inmigraciones claramente diferenciadas: la
proveniente de los movimientos migratorios interiores (años 60-70) del Estado
(sobre todo Andalucía y Extremadura), y la actual, iniciada en los años 90 (en
especial a partir de 1995), proveniente de Marruecos, Argelia, Túnez, etc, e
infinidad de países sudamericanos.
Sin
entrar en valoraciones subjetivas, es justo decir que estos dos movimientos
migratorios son muy diferentes y hay que tratarlos con raseros diferenciados. No
estoy de acuerdos con las formaciones que hablan de “una sola inmigración”, aún
partiendo de la base cierta, verídica, de que Catalunya, aunque sólo sea por sus
valores actuales, es una nación sin estado dentro de otro Estado. A la
inmigración de los años 60-70 la unían a Catalunya muchas más cosas de las que
se piensan y se escriben; una cultura mediterránea, una misma religión (con sus
matices), unas costumbres, como mínimo, paralelas, y sobre todo el hecho
incuestionable de una lengua también común, todos los catalanes hablan y han
hablado el español, aunque también algunos sepamos que ha sido de una forma
impuesta por el centralismo oligarca castellano. Digo “una lengua común” en vez
de dos lenguas, porque el catalán era y es aceptado por una gran mayoría de
estos inmigrantes como “un mal menor”, como algo inevitable e inherente al hecho
migratorio. No olvidemos tampoco que en los años señalados siempre se tenía al
lado a la Guardia Civil y la Policía Armada para que defendiese el hecho de “no
tener que hablar catalán”.
Todos
sabemos que aún hoy en día, existe y se mantiene el hecho migratorio interior
(después de 40 años). Muchos lugares, en ocasiones barrios enteros y casi medias
ciudades, subsisten al margen de todo lo catalán, incluido su idioma. No creo
necesario citar poblaciones concretas que están en la imaginación de todos. En
estas condiciones ¿Puede hablarse con propiedad de normalización lingüística?
¿Pueden hacerse discursos serios referentes a la integración? Familias enteras
tienen como idioma común el español, ven TVE y escuchan Onda Cero. Cuando salen
a tomar el café o hacer la compra, hablan español y cuando discuten con la
vecina de enfrente lo hacen en el mismo idioma. No practican el catalán, no
saben con quien hacerlo y tampoco lo harían porque creen que no es necesario y
además, no les resulta fácil.
Sin bien sus hijos y nietos dominan el catalán hablado y escrito, padres y
abuelos lo rechazan como idioma cotidiano y familiar. Es posible que sea un
problema de tiempo y generaciones, pero la rabiosa actualidad, es esta. No hay
otra.
Los
centros de normalización lingüística hacen una gran labor que nos parece como
“academicista”, pero aún no se ha descubierto como llevar popularmente y con
intensidad la lengua autóctona al núcleo de las ciudades y barrios periféricos
de Barcelona, y tampoco como buscar suficientes complicidades para tal fin en
las entidades vecinales, culturales, sociales y deportivas.
Veamos un
aspecto que no tiene vuelta de hoja: una persona recién llegada del resto del
Estado domina su lengua natural. Si ha llegado del extranjero, puede poseer unos
mínimos, elementales conocimientos del castellano. Y, ya entre nosotros, nos
habla o en el propio idioma castellano o en el balbuceante español que apenas
conoce. Y se da cuenta de que, la persona a la cuál se dirige, le entiende
perfectamente. Pero ve que se empeña en contestarle en un idioma por el
desconocido… Le parecerá un desprecio inaguantable Y eso deja rastro.
Y no es
suficiente que el recién llegado sepa que aborda a una gente que ya tenga
reconocida como distinta. Ese respeto inicial, queda borrado en el acto por la
intransigencia que aprecia.
Algún
primario con su verdad dirá: “Doncs bé que si van a Alemanya aprenen l’alemany!”
Si us plau, no fotem!; que diría un castizo. Porque ellos saben muy bien que
nosotros no somos Portugal.
Vamos a
fijarnos en familias catalanas que tuvieron que exiliarse al fin de la guerra.
Ya en Méjico, es un suponer. ¿Dejan de hablar en catalán a los hijos? No, se
apuntarán en el Casal Català, quizá cantarán en su orfeón o bailarán sardanas
una vez al año en el Zócalo, o en la Plaza de las Tres Culturas. Su mayor
alegría ¿no será que los nietos también hablen catalán?
¡Claro
que no es lo mismo! Porqué en Méjico, la inmersión en castellano es absoluta.
Pero pregúntense ¿y en Catalunya? Pues casi total también en los barrios de los
que hablamos.
Por
tanto, un ‘bilingüismo’ con fortísima superioridad del castellano, está y estará
servido en amplias zonas de castellanohablantes. O en amplias zonas de
castellanohablantes habrá núcleos catalanoparlantes. Puede valorarse el caso
según territorio, pero hoy ya hay que prever que los espacios de catalán muy
mayoritario con pequeños núcleos castellano-hablantes son cada vez
demo-gráficamente más reducidos. Una situación popular cada vez más cercana a la
de la ciudad de València.
Ante estas constataciones, no a nivel técnico o de encuestas, sino a nivel de
percepción popular, o por lo menos a través de nuestro leal entender desde Sant
Boi,
¿Que es lo que Catalònia Acord propone?
1. Es
absolutamente prioritaria y únicamente a favor de Catalunya, la razón, toda la
razón en derecho y en equidad, por ética y de justicia, etc.
Que ya
llevaron a reconocer en la Constitución que el catalán es su idioma propio. Y
cuando en la misma Constitución se habla de nacionalidades, se refiere también a
la identidad distinta del modo de ser, y también de hacer, de los catalanes de
hoy.
2. El castellano se defiende por si sólo ¡300 millones! Por tanto es deber de
conciencia primar la defensa y difusión del catalán, en el aspecto de dar a
conocer como sea el idioma, y en todas sus vertientes culturales..
Ante el
punto primero que todos conocemos, debemos hacer avanzar entre nosotros aquellos
argumentos de imparcialidad y de rectitud que legitiman la templada pero
insobornable reclamación política que se mantiene en Catalunya en defensa de su
catalanidad originaria.
Repito,
nosotros, venidos o ya nacidos en estas tierras de acogida, desde Catalònia
Acord reiteramos el texto de los manifiestos que difundimos el 27 de octubre del
2001 desde el Palacio de Pedralbes.
Que
resumimos: Ante el altanero imperio del lavado de cerebro a que las oligarquías
centrales nos han sometido durante generaciones, en nombre de nuestras Españas
originarias, decimos que no hemos venido a la nación catalana para rebajarla e
integrarla en un Estado de nacionalismo mucho más poderoso, Estado que
secularmente intenta posesionarse de las naciones vecinas. Que no queremos ni
tampoco podríamos ser nosotros, y a la vez aceptar por activa de convertirnos en
la fiel infantería o en los gloriosos tercios de una nación vecina. También
nuestra, si, que debiera ser fraterna y en cambio actúa siempre con voluntad
conminatoria.
Pedro
Morón de la Fuente