SON ESPAÑOLES LOS QUE NO PUEDEN SER OTRA COSA.

 

 

Albert Bardé

 

Nos devuelven la vigencia de la afirmación de Antonio Cánovas del Castillo (presidente del gobierno español de 1875 a 1879), SON ESPAÑOLES LOS QUE NO PUEDEN SER OTRA COSA

Gibraltar ha dado un guantazo de realidad a la inventada visión nacional-españolista del señor Aznar y toda su troupe. El presidente del Gobierno se indignó por el referéndum propuesto por Peter Caruana: tenía motivos para ello. Alegó que el referéndum era, para él, claro está, un hecho anti-constitucional. Ahora bien, ¿qué hay de más democrático que un pueblo exprese con libertad lo que piensa?, ¿o es que encima la Constitución debería dar permiso a un hecho tan evidente y de sentido común como es ejercer voluntariamente una simple consulta popular? Vean Suiza, por favor.

No les gusta, no, pues hay realidades políticas y humanas que sobrepasan el marco jurídico ya intencionadamente establecido. Pero Aznar lo que temía era el resultado, vean: de 17.900 personas, sólo 187 votaron por la soberanía compartida (La Razón, 9-XI-02), y no está de más decir que ni éstos votaron por España. Ah!, por cierto, la participación fue altísima: más de un 90%. ¿Cómo silenciar a los 17.887 gibraltareños que mostraron su animadversión hacia la cosoberanía española?

Métodos hay, y de todas clases para desorientar. Silenciar los resultados exactos de la consulta popular es un buen ejemplo. ¿Cuántos medios de comunicación estatales han mostrado el número de votantes contrarios a España?
En el País Vasco, cuando las últimas autonómicas, intentaron convencer y arrasar. Nada, perdieron. Pero el método socrático, conocerse a uno mismo, no es el de Aznar: ¡ni tolerar que te manifiestes distinto, como por ejemplo, antes vasco que español! También se opta por negar el diálogo, en este caso con el lehendakari Ibarretxe que propone un Estado libre asociado como solución o camino de salida al problema vasco. Ya sabemos que terrorismo y nacionalismo minoritario son, para el maléfico y maquiavélico Aznar, la misma cosa, y si con terroristas no se puede ni se debe hablar -cosa que también hizo Putin - con el nacionalismo de los demás menos aún.

Y se pone aún más leña al fuego, atizándolo por soplo del delegado del Gobierno al País Vasco, Enrique Villar, un tal individuo que cuando oye hablar "euskera" se irrita y bracea, ¡y es el Delegado! ("Nuestra" Julia Valdecasas, para entendernos). Pues bien, este señor pide el procesamiento del presidente del Gobierno votado por los vascos, y también el del presidente de su Parlamento.

Lo empaquetamos todo bien empaquetado y repitamos todos con una misma voz: "español es aquél que no puede ser otra cosa". I es que, en el fondo, todo es de una simplicidad chulesca: nada de referéndum, ni de diálogo, nada de reclamaciones, nada de estados asociados, nada de competencias no mediatizadas,... ¿Nada de nada? Si, algo si: que por la gracia de Dios, siga el terrorismo. Todo antes que volver a las auténticas Españas, las confederadas del ' Tanto monta, monta tanto '. Que siga el terrorismo, y ya veremos quién es más incorregible.
Porqué claro, quién no esté contento con el 'ordeno y mando" es porqué "no tiene espíritu militar" tal y como Dios manda .
- Ni ganes!

Albert Bardé