¿TRAIDOR?...¿A QUIÉN? PORQUE A ANDALUCÍA NO

 

Por Pedro Morón de la Fuente - Periodista i president de Catalònia Acord

 

Puede parecer ciertamente extraño, a según qué sectores de la sociedad, el hecho de que un granadino afincado en Sant Boi de Llobregat, defienda a ultranza a los catalanes y a la nación catalana. Se da el caso de que personajes anónimos me han tachado de "traidor". La pregunta y la respuesta consiguiente quedan reflejadas en el titular de este comentario.

La mayor parte de mi vida la he pasado en Catalunya. No valen aquí demagogias superfluas, mi inmersión total en las formas de vida y la cultura de esta tierra, me permite decir a voz en grito que formo parte de ella. Soy un ente más de la nación catalana, aunque sin renunciar a mis orígenes.

Por otra parte se da la circunstancia de que Andalucía en su conjunto también posee todas las connotaciones necesarias para ser una nación. Muchas veces confundimos "nación" con "estado". El estado es la suprema organización política de un grupo humano, con personalidad jurídica independiente en el plano internacional. Evidentemente (aunque el centralismo lo desmienta) pueden haber estados nacionales fundados sobre una nación, otros fundados sobre fracciones nacionales diferentes e incluso pueden existir ciudades-estado, así como estados supranacionales que abarquen más de una nación. La nación en cambio es un grupo humano dotado de unas singularidades propias derivadas de una larga existencia en común, una lengua característica, un territorio definido, una cultura, unas tradiciones comunes y el deseo vehemente de los habitantes del territorio de ser nación. En conclusión, un grupo humano homogéneo.

Por lo tanto, Catalunya, al igual que Andalucía, poseen singularidades propias comunes a todas las naciones, con la variante importantísima de que Catalunya tiene, además, una lengua propia y estructurada. Andalucía perdió la suya que podría haber sido perfectamente la denominada Aljamía, lengua que muchos expertos andaluces intentan recuperar en el presente. La misma Junta de Andalucía ha puesto en marcha la recuperación de la cultura del Al-Ándalus en forma de enciclopedia que supera los 20 volúmenes, el primero de los cuales se pondrá a la venta a finales de este mes de octubre. Mas de 200 expertos trabajan en la actualidad en el proyecto. La característica que une a todos estos especialistas es que conocen a la perfección el árabe o la lengua utilizada por los musulmanes durante siglos en la península Ibérica. Sin esta condición sería imposible ahondar en la historia de Al-Ándalus que, no olvidemos, llegó a extenderse desde la Punta de Tarifa hasta los Pirineos.

Posiblemente a Andalucía le falta una de las condiciones imprescindibles; el deseo de todos los andaluces de sentirse como nación. Todos sabemos que esta "desnacionalización" de los ciudadanos del sur de la Península se ha debido a los continuos lavados de cerebro a que han sido sometidos a lo largo de la historia, sobre todo durante el franquismo oscurantista (1939-1975) haciendo creer al mundo entero que parte de la cultura andaluza era la propia de España (folklore, poesía, etc), hecho simbólico y mítico que hace falsamente a muchos de mis paisanos "más españoles que nadie".
Aunque para configurar lo que se denomina una "nación" no hace falta reunir todas las notas comunes descritas anteriormente, sí es imprescindible el mayor número posible de ellas, nunca una sola, ni la raza, ni el idioma, ni la religión, pueden determinar una nacionalidad. Mucho menos intentar "encubrir" un estado que lleve bajo la capa a otras nacionalidades no reconocidas como tales bajo el signo de la imposición oligarca centralista. Es nadar contra la historia, contra el deseo y la legitimidad de los ciudadanos.

Por eso me pregunto ¿traidor?... ¿A quién?, porque a Andalucía no, y no lo soy sencillamente porque considero mi obligación ineludible el defender esta tierra en la que me lo he ganado todo (nada me han regalado), una tierra subyugada, dominada, humillada y explotada durante siglos, por las ideas imperialis-tas y de grandeza de la Corona de Castilla primero, del franquismo y sus herederos después. No creo que exista en toda Europa otro núcleo humano, con más derecho a ser una nación que Catalunya ¿Cuántas naciones europeas pueden sentir el orgullo de tener un presidente que hace el número 115?

Porque creo firmemente en un estado plurinacional y plurilingüe, no puedo ser traidor a nadie. Creo en una Andalucía independiente dentro de un estado que puede llamarse España o Confederación Ibérica (que más da), en una Catalunya que pueda decidir sobre su propio presente o futuro, sin dependencias. Creo en un proyecto común de las Españas, Galicia, País Vasco, Asturias, Extremadura... La España conquistadora y dominadora ha de pasar, poco a poco, a ser un recuerdo para todos. Puedo ser solidario con todas las nacionalidades del Estado Español, pero me siento muy diferente al pensamiento de la oligarquía centralista. Como catalán y granadino no puedo seguir admitiendo la dominación y la imposición.

Creo firmemente en que el millón y medio de ciudadanos de otras nacionalidades que en su día arribamos a Catalunya, dejamos en esta tierra acogedora una semilla que dará flores catalanas, nuestros hijos, nietos y biznietos. Hemos de ser, pues, agradecidos con esta tierra y sus moradores, pero hemos de manifestarlo ahora que es necesario, cuando estamos viendo y padeciendo la sangría monetaria que el Estado Centralista hace año tras año, arrebatando a los ciudadanos catalanes más de 1,2 billones de pesetas anuales, fruto del déficit fiscal. Una enorme cantidad de dinero que necesitamos como agua de mayo para subsanar las carencias de todos los tipos que padecemos, sobre todo en comarcas como el Baix Llobregat, Vallès y el Barcelonés. Necesitamos más hospitales, más ambulatorios, más guarderías, más centros de formación profesional, mejores carreteras de acceso a nuestros centros de trabajo, eliminar los puntos negros de las vías de comunicación y más ayudas sociales para los sectores des-favorecidos de los núcleos marginales.

Hemos de ser solidarios con el resto de comunidades del Estado, pero como decía Salvador Escamilla a finales de los años 60 en un programa radiofónico, "bienvenido lo de fuera, pero antes lo de dentro". El Gobierno Central ha de tener en cuenta que estamos inmersos en la Unión Europea, que existen los llamados "Fondos de Cohesión" dirigidos a las comunidades autónomas o regiones más desfavorecidas, así como diferentes tipos de ayudas encaminadas a nivelar la diferencia entre las regiones más ricas y las más pobres. En Catalunya no sólo escamotean gran parte de nuestros impuestos, además, poco a poco desmantelan empresas llevándose las centrales a Madrid, concentrando en la capital del Estado los centros neurálgicos de la economía, con la clara intención de que los impuestos que pagan las multinacionales o las empresas españolas más potentes económicamente, queden fuera de Catalunya. Todo lo contrario de lo que hacen los países avanzados y modernos de Europa, como Alemania, Austria, Bélgica o Italia quienes intentan descentralizar la economía potenciando por igual a todas las comunidades.

Partiendo de la base de que también Andalucía es una nación, de que es un pueblo cuya identidad ha sido constantemente perseguida, ridiculizada y adulterada. Siguiendo con el dato inequívoco de que una gran parte de ese pueblo se afincó en su día en Catalunya, otro pueblo perseguido y estigmatizado, ya me dirán ustedes a quién puedo serle traidor...

Eso sí, cualquier venido de fuera, ya sea de Andalucía, Extremadura, Galicia o Asturias, y que aspire a identificarse con Catalunya tiene una obligación primigenia; conocer sus propios orígenes, su propia historia, identificarse primero con su propia nacionalidad. Desgraciadamente en esta "piel de toro" muchos y diversos pueblos hemos padecido la misma subyugación. Muchos ciudadanos no conocen su propia historia porque la oligarquía centralista se ha encargado durante siglos de tergiversarla, falsificarla o esconderla, en un intento de perpetuarse en el poder desde la capital de las Españas.

Pedro Morón de la Fuente